Adecúan silla de ruedas para dos; recorren las calles juntos

Adecúan silla de ruedas para dos; recorren las calles juntos

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Un mito griego dice que todos perdimos a la media naranja. ¿Si encontrásemos esa otra parte, qué tipo de sacrificios estaríamos dispuestos a hacer por ella con tal de no separarnos?

Esteban y Patricia Quintana llevan once años haciéndose esa pregunta desde aquel dos de agosto de 2001, cuando se conocieron en Ciudad Juárez. A veces, ellos parecen uno solo. Sobre todo cuando hablan y complementan ideas.

“Sin querer nos vimos y preguntamos a nuestros amigos. Y nos dijeron: se llama Patricia, se llama Esteban”, relata él.

Ella lo recuerda como si fuera ayer: “Yo soy de Tamaulipas, y estaba de visita en Ciudad Juárez. Mi familia y yo fuimos a la congregación y ahí supe que él es sobreviviente del cáncer terminal”, dice.

“Cuando tuvimos oportunidad de hablar, vimos que teníamos las mismas metas y la misma forma de pensar, decidimos casarnos”, agrega.

Quienes los ven recorrer las calles de El Paso los llaman’los novios’. Por una simple razón: se conducen sobre una silla de ruedas, vestidos con sus mejores ropas, como si se tratara de una reina y un rey conduciendo su carruaje real, presumiendo sonrisas y reverencias con quienes les salen al paso.

“Mucha gente se pone contenta cuando nos ve pasar”, dice ella. “Un señor, una vez nos dijo: ¡bájese uno, la silla es nada más para uno!”, relata ella. “Yo digo que le dio envidia, porque como él traía a su esposa…, pero, pues, estaba más gordita”, se ríe él.

Pero la risa de Esteban se ahoga en un suspiro de Patricia que los vuelve a la realidad. “Mientras él no tenga discapacidad total, podemos usarla. Luego, será más difícil”.

Él, ya no tiene cáncer. Pero sí dos tumores, uno en el paraespinal –que crece una milésima por año- y otro en el tórax.

“El problema de sus tendones y demás músculos es que él envejeció debido a los tratamientos que recibió, entonces su condición es como la de una persona de 80 o 90 años. Está muy limitado”, dice ella –que tiene 47 años- mientras le toma la mano a él -que tiene 42-.

Por el cáncer, Esteban no puede trabajar. Recibe ayuda del gobierno. Ella tampoco puede. Debido a una enfermedad congénita, por indicación médica, no puede ejercer. Patricia tiene una enfermedad que le produce cansancio cerebral, sueño y depresión constante.

Esteban tampoco puede caminar. Se cansa con rapidez. La doctora que lo atendió, también propició que, mediante el Medicare, se le proporcionara una silla de ruedas.

La silla es un modelo Pronto M41. Aguanta hasta 300 libras.

Los Quintana son Testigos de Jehová. Todos los domingos se conducen desde la intersección entre la Avenida Findley y el Sur de la Calle Estrella, hasta el 1204 de la Avenida Texas, que es donde queda ubicado el Salón del Reino donde se congregan.

Sentados uno junto al otro, conducen a bordo de su silla eléctrica por cerca de 1.6 millas de distancia para asistir al culto. La máquina alcanza hasta 7.5 millas por hora. Ellos prefieren no correr.

Sobre todo porque la silla es vieja. Se la dieron hace tres años ya, las ruedas delanteras necesitan un cambio. La batería también. Es su único medio de transporte. “En el bus, ya se baja ella, me subo yo. Si vamos para el centro o para el hospital, así hacemos… como si fuera nuestro carro, pues”.

Para movilizarse por las calles de El Paso y hacer el viaje más cómodo, Esteban ha hecho algunas mejoras en la estructura de la silla: luces traseras de neón, un letrero luminiscente –con palabras en coreano- y unas bocinas el asiento.

No puede evitar presumirlo: Saca un walkman de una de las bolsas que ha colgado al costado del respaldo de la silla, le enchufa un cable que se conecta directamente a los altavoces.

Se oye un ruido granulado mientras trata de sintonizar alguna emisora. Por fin, una trompeta de jazz resuena aguda en los parlantes y una voz carrasposa canta algo sobre la soledad. Esteban sonríe orgulloso de su obra.

Entonces, salta la pregunta: ¿están solos? Esteban cuenta que tuvieron un bebé allá por 2003, pero el beé apenas duró 21 días.

Esto no los desanima. “Nos dedicamos a cuidar el uno del otro”, dice Patricia. “Es lo que nos une”, agrega Esteban.

Y aún así, tienen tiempo para ayudar a otros a sobrellevar con felicidad sus miserias. En su tiempo libre, se dedican a predicar en su sector, sobre la Avenida Texas y las casas de refugio que hay por la zona.

http://diario.mx/El_Paso/2013-08-04_ce955170/adecuan-silla-de-ruedas-para-dos-recorren-las-calles-juntos

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